Si la
evaluación de la Presidencia de Felipe Calderón se realizara
sobre lo que cumplió de los 10 compromisos para “transformar
a México de fondo” que hizo hace un año, se puede decir que
reprobó. En su tercer informe de gobierno dijo: “Lo que
propongo es pasar de la lógica de los cambios posibles,
limitados siempre por los cálculos políticos de los actores,
a la lógica de los cambios de fondo que nos permitan romper
las inercias y construir, en verdad, nuestro futuro”. No
sucedió. Los avances fueron limitados y el futuro que se
construyó fue el de la confrontación.
Calderón
presentó esos compromisos que
le darían cuerpo y contenido a su gestión. En dos (cobertura
universal de salud y reforma regulatoria de acuerdos o
reglamentos) se puede afirmar que los cumplió sin
cortapisas; en otros dos (austeridad y finanzas públicas y
combate al crimen) se puede alegar que el cumplimiento fue
relativo; y en el resto (combate a la pobreza, educación de
calidad, reforma económica, reforma de telecomunicaciones,
reforma laboral y reforma política), se puede argumentar que
falló.
El
Presidente puede certificar su avance en la cobertura
universal de salud, al haber alcanzado este año a 90
millones de mexicanos, y un incremento en el seguro popular
de 16 a 37 millones. De acuerdo con el secretario de Salud
Pública, José Ángel Córdova, se espera cubrir a todos los
mexicanos el próximo año. La misma valoración de le puede
dar a las reformas enacuerdos
y reglamentos, que se ha aplicaron en el año,
y que tuvieron fuerte impacto en el sector financiero, como
regulación a aseguradoras, fondos de pensión y cambio de
divisas.
Sin
embargo, el Presidente está jugando con sofismas. En los
spots promocionales de su cuarto informe de gobierno, dice
que gracias a las reformas económicas, se pudo paliar la
crisis financiera mundial. En realidad, no fueron esos
avances económicos los que contribuyeron a salir del hoyo en
el que se encontraba el mundo, sino la serie de modificaciones
regulatorias en el campo financiero, que
figuraban en otro apartado. Amarrado al mismo esfuerzo se
encuentra el compromiso de austeridad y finanzas públicas.
En el
momento en el que lo planteó, el diagnóstico del gobierno
sobre la crisis no había dimensionado su profundidad. Cuando
se procesó el riesgo para México, negociaron un presupuesto
favorable para el gobierno con el PRI a través de
compromisos políticos con las secretarías de Gobernación y
Hacienda, con el argumento que el ingreso petrolero no iba a
ser suficiente para enfrentar la crisis, y que se
necesitaban impuestos. El PRI se los dio, y se obtuvo un
presupuesto de emergencia. Pero la austeridad se llevó al
campo político, al secar Hacienda las finanzas públicas de
los estados gobernados por el PRI y retrasar las
participaciones federales hasta que pasaran las elecciones
del 4 de julio.
La
combinación de factores –crisis y elecciones- que no
contemplaban los parámetros presidenciales en los 10
compromisos, le ayudan a dar resultados positivos, sin tener
que dar ninguna explicación, como el poder presumir 100 mil
millones de dólares en la reserva, que nunca se habían
tenido, sin aclarar porqué con tantos recursos, hay tantos
sub ejercicios en la administración pública.
El
Presidente tiene varios pantanos en su gestión. Este año
presentó una iniciativa de Ley de Competencia Económica para
combatir los monopolios, uno de sus ejes centrales cuando
llegó a Los Pinos. En efecto, ha luchado contra todos los
monopolios menos uno, Televisa, al que beneficia
abiertamente.
El ejemplo
más obsceno es la Ley de Telecomunicaciones que
se conoce como la Ley Televisa, empresa con la cual, para
efectos prácticos, ha decidido co gobernar, al convertir
sus pantallas el principal vehículo de propaganda del
gobierno federal. Lo último que hizo en su apoyo fue la
aprobación de la asociación de Televisa con Nextel, para que
la empresa de televisión pueda dar telefonía y entrar al
llamado triple
play, que le niegan a TV Azteca y a Telmex.
Pero si ese
retroceso fue deliberado, hay otros que no. En educación,
el rezago está contribuyendo a la formación de una
generación de analfabetas funcionales, donde 43.2% de los
mayores de 15 años no terminaran la enseñanza básica y casi
seis millones son analfabetas. A la pobre educación se añade
su mala calidad, que impacta el mercado laboral. Calderón
presume haber creado 500 mil nuevas plazas de trabajo,
aunque no aclara que se
habían perdido 700 mil el
año pasado. Falta explicación sobre los sectores en donde se
han generado. De otra forma, se puede alegar que las decenas
miles de personas que participaron en el censo, están
incorporadas en esa estadística, por lo cual el dato oficial
es tramposo.
El gobierno
también buscaba una reforma
laboral, pero fue sepultada a la semana que
el PAN presentó la iniciativa, y ante tanto conflicto
sindical y la creciente oposición política al secretario de
Trabajo Javier Lozano, es probable que esa reforma no salga
siquiera salga en el resto del sexenio. La falta de reforma
ha servido como pretexto para no detonar el empleo, pero no
explica la proletarización de los mexicanos.
En este
año, nada pudo evitar que la pobreza empeorara
y eliminara los avances de la primera parte de este siglo.
En este sexenio la pobreza regresó prácticamente a los
niveles de 2000, cuando se atrapaba a 24.1 millones de
personas. En 2006, cuando arrancó el gobierno de Calderón,
se dio la cifra más baja, 13.8 millones, que hoy ha escalado
a 22.
Tampoco
puede presumir avance político. Fue un año de forcejeo y
demolición de acuerdos políticos. Se alió con sus enemigos
en 2006 para derrotar al PRI, el único partido con el cual,
por número, puede aprobar en el Congreso las reformas que
quisiera. Los buscó para dialogar y los rechazaron.
“Calderón se pintó de guerra”, dijo un priista. Y los
priistas están haciendo lo mismo.
En su
cuarto informe de gobierno, el Presidente volverá a subrayar
los avances en la lucha contra el crimen, como las recientes
medidas para elcombate
al lavado de dinero. Pero su discurso de
victoria se apoya en la estadística fría y en los análisis
prospectivos sobre la base de experiencias similares en el
mundo. Se podría decir que la medicina es la correcta, pero
no se sabe si el paciente vivirá: más de 20 mil muertos
define esta lucha, en términos convencionales, como una
guerra civil.
Es el
cuarto informe de gobierno. El Presidente no tiene mucho de
qué presumir, aunque nos diga lo contrario.
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