Los hechos:
cuatro periodistas que cumplían con su trabajo fueron
secuestrados en Gómez Palacio, Durango. Uno de ellos, de El
Vespertino, un diario local, fue dejado en
libertad. Los tres restantes, dos de Televisa y uno de
Milenio TV, fueron retenidos para que sus empresas
difundieran videos sobre la colusión de policías con Los
Zetas. Ambas empresas difundieron fragmentos de los videos,
pero la promesa de liberarlos después de ello se incumplió,
y la Policía Federal diseñó un operativo
de rescate.
Las
interrogantes: Antes de difundirse los videos, el reportero
de El
Vespertinofue liberado. ¿Su presencia era
irrelevante para los propósitos? La manera de comunicarse
los reporteros a la ciudad de México transmitir las
exigencias para reportar que no les habían hecho daño, era a
través del teléfono celular. ¿Por qué si se supone estaban
en una casa de seguridad les permitieron utilizar teléfonos
a sabiendas que iban a estar intervenidos? El jueves, un día
después de la difusión de extractos de los videos, un
reportero de Televisa fue dejado en libertad.
La Policía
Federal diseñó el operativo de rescate y lo ejecutó con
éxito en 48 horas, velocidad que sólo se puede explicar si a
través de las comunicaciones telefónicas determinaron el
sitio donde estaban retenidos. En ese momento,no
hubo ningún detenido porque,
informaron las autoridades, cuando los captores se dieron
cuenta que estaban cercados por la policía, escaparon,
aunque es probable que para garantizar la vida de los
periodistas, hayan forzado y permitido la huida.
Sin
embargo, si no hubo detenidos, ¿por qué se identificó
inmediatamente a los responsables como miembros de una
célula de Joaquín “El Chapo” Guzmán? No se dieron pruebas
inmediatas que permitieran saber que en efecto habían sido
narcotraficantes salvo el dicho que tenían información de
inteligencia en ese sentido. No obstante, el secretario de
Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, afirmó que
Guzmán había iniciado una nueva forma de comunicación
pública.
Las
consecuencias: Como resultado del secuestro de sus
trabajadores, los dos medios magnificaron los hechos, en
comparación con la forma más discreta como otros medios en
México y el mundo han procesado situaciones similares, y con
la potencia que tienen sus pantallas, como si fuera dominó,
directores de prensa, radio y televisión del Distrito
Federal circularon el domingo un comunicado donde urgían una
discusión amplia que tendiera a la autorregulación de los
medios y a encontrar una especie de convención sobre la
cobertura que podrían hacer, en forma consensuada, sobre el
narcotráfico.
Los ecos:
La sobre exposición que realizaron Milenio TV y Televisa
sobre el caso de sus periodistas secuestrados colocaron el
tema de los medios y el narcotráfico como parte de la agenda
de debate nacional, algo que el gobierno, desde hace casi
dos años, no había logrado hacer. El gobierno federal ha
tratado directa e indirectamente de que los medios se
autorregulen en materia de cobertura del narcotráfico, bajo
el criterio de que al hacerlo reducirán sus niveles de
decibeles en la cobertura que le ayude a ir disminuyendo la percepción
ciudadana de
que la violencia salpica todo el país y que la guerra contra
el narcotráfico la va perdiendo el gobierno. Voceros
oficiosos le han servido al gobierno para ese propósito,
pero hasta este fin de semana, no habían tenido éxito
alguno.
Los
recursos de presión hasta las últimas consecuencias a los
medios para disminuir sus coberturas independientes sobre el
narcotráfico, no son nuevas. Desde 2008, el entonces
procurador general Eduardo Medina Mora -ideólogo de cabecera
de algunos de los apologistas que hoy usan en Los Pinos-, se
quejaba con dueños y directores de medios por la forma como
se difundía lo que entonces todavía se definía “la guerra
contra el narcotráfico”. Medina
Mora tomaba a Estados Unidos y Colombia como un ejemplo de
responsabilidad de los medios. Pero el ex procurador mentía.
En el caso
estadounidense, alegaba que los medios no habían difundido
escenas dramáticas o de muertos cuando el ataque a las
Torres Gemelas, cuando hay fotografías y videos terribles,
en cuanto a impacto, de personas saltando al vacío desde lo
alto de los rascacielos y entre los escombros. En el caso de
Colombia, soslayaba que la familia del ministro de Defensa,
hoy presidente electo, Juan Manuel Santos, controlaba el 75%
de los medios colombianos.
Lo ominoso:
Los medios en los dos países ícono para el gobierno federal,
en voz de Medina Mora y sus altoparlantes en la
intelectualidad, no son historias de éxito. En el caso
colombiano, la guerra contra el narcotráfico ha sido
bastante menos efectiva que la que se realiza en México, y
los niveles de inseguridad tienen incrementos galopantes. No
se sabe mucho de ello porque los medios, a los que aspiran
que lleguen los mexicanos, se callan la realidad que se vive
en el entorno.
Por cuanto
a Estados Unidos, la histeria colectiva contra el terrorismo
arrastró a los medios envueltos en un patriotismo que los
hizo cómplices de una guerra de ocupación en Irak, al
aceptar sin cuestionamiento que había armas de destrucción
masiva. Los medios contribuyeron con la asimilación acrítica
de la versión oficial a la destrucción de un país como Irak,
hoy en día bastante más degradado que bajo la dictadura de
Saddam Hussein. Y cuando se dieron cuenta del engaño, era
demasiado tarde para mantener su credibilidad.
En México,
lo sucedido en Gómez Palacio construyó las condiciones más
propicias que ha tenido el gobierno mexicano para cumplir su
objetivo desometimiento
de los medios en función de sus necesidades estratégicas.
Con una mayoría de dueños y editores sin referentes, sin
reflexión sobre coberturas en zonas de riesgo, sin análisis
comparativo sobre lo que se ha hecho en otras naciones con
sus beneficios y consecuencias, lo que ha sucedido es algo
así como un péndulo que oscila entre la apertura de
micrófonos a narcotraficantes y subordinación a la
autoridad, sin obstáculo alguno. Todo, que es lo grave,
dentro de los mismos medios.
Pero las
cosas no paran ahí. En la histeria que ahora nos empapa, ya
empezaron las voces dentro de la propia prensa donde están
empezando a justificar la intervención directa del gobierno
federal en los medios de comunicación para que no los use el
narcotráfico como vehículos. Mejor imposible. El ideal
universal de un gobierno para controlar a la prensa, donde
los periodistas les abren la puerta y les piden que se metan
a su casa. Mal, como medios, sí estamos.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx