La “Estela
de Luz”, el monumento de 104 metros con el que el gobierno
federal busca recordar el Bicentenario de la Independencia, va a
costar el doble y no va a estar listo para la fecha histórica
porque, si lo terminan a tiempo, al primer sismo se cae. En
realidad, lo que está tambaleante y luce frágil es la
organización de lo que debería ser la Gran Fiesta de México.
Unos
estudios en Canadá demostraron que “La Estela” no aguanta ni
vientos fuertes. Una reevaluación exhibió que en lugar de 393 va
a significar 690 millones de pesos. Y una declaración del
recientemente nombrado organizador de los festejos, Alonso
Lujambio, secretario de Educación, reveló que lleva un cuarzo
que en Brasil no han ni extraído y un acero que en Finlandia no
han producido.
“La
Estela” es sólo una muestra del desastre en que se ha convertido
la fiesta oficial. Otro botón es que, a 56 días del
Bicentenario, el gobierno cambió por quinta ocasión de
organizador:
El primer
encargado fue el perredista Cuauhtémoc Cárdenas, nombrado en
junio de 2006 por el entonces presidente Fox. Renunció cinco
meses después, en medio del conflicto postelectoral
protagonizado por López Obrador.
Ya como
primer mandatario, Felipe Calderón propuso en enero de 2007 al
historiador Enrique Krauze. Nunca se concretó. En marzo de ese
año designó al entonces titular de Conaculta, Sergio Vela, como
coordinador ejecutivo. En septiembre del mismo 2007, el
presidente anunció que Rafael Tovar y de Teresa coordinaría la
conmemoración. Y así, finalmente, un año después de lo
prometido, se presentó el primer Programa Oficial para la
celebración.
Pero en
octubre de 2008, Tovar y de Teresa renunció a organizar el
Bicentenario, dejándolo en manos del doctor José Manuel
Villalpando.
Apenas el
21 de julio de este 2010, a 56 días de lo que debería ser la
Gran Fiesta de México —en medio de los cuestionamientos sobre un
gasto de mil 200 millones de pesos para lo que parece ser una
simple noche de grito más y sembradas las dudas sobre si la
remoción de Patricia Flores de la jefatura de la Oficina de la
Presidencia tuvo que ver con los manejos de esos fondos—, otro
golpe de timón hace que el primer mandatario delegue en la SEP
el tema.
Al
arrancar 2009, Villalpando anunció que habría mil 200 proyectos
para conmemorar el Bicentenario (monumentos, libros, actos). En
febrero de 2010, Calderón duplicó la apuesta: serían 2 mil 300.
El secretario Lujambio se estrena volviendo los sueños a tierra:
se han llevado a cabo 42 acciones y faltan 40 por concretarse.
A
diferencia de la influenza, la crisis económica, las balaceras,
los huracanes, la caída de la producción de petróleo, la sequía
de 2009, el Bicentenario no “brincó” de sorpresa en medio de la
coyuntura: se sabía con doscientos años de anticipación, o
cuando menos con cuatro, al llegar a Los Pinos. Pero no se
previó nada. No se le dio importancia. Y al cuarto para las
doce, la Fiesta que costará al menos 2 mil 900 millones de pesos
no se antoja.
SACIAMORBOS
Es para
poner un Grito.