Al
presidente Calderón le cayó en inmejorable momento la captura de
Édgar Valdez Villarreal La Barbie. A dos días de tener que
entregar al Congreso su IV Informe de Gobierno, el saldo en
materia de seguridad, propuesta eje de su mandato, escalaba
desastroso: más de 28 mil ejecutados, 72 inmigrantes masacrados,
un alcalde muerto, dos coches-bomba y la creciente percepción
ciudadana de que la guerra contra el crimen organizado la va
perdiendo el gobierno.
El arresto
de quien es denunciado por la autoridad como uno de los
narcotraficantes más sanguinarios —innegable triunfo oficial— da
una bocanada de oxígeno político al primer mandatario para
romper la trágica racha de los últimos días: con el pretexto de
que cayó La Barbie puede recordar las muertes y detenciones de
otros capos de primer nivel —El Nacho Coronel, tres hermanos
Beltrán Leyva, el hijo de El Señor de los Cielos—, y con ello
abonar en favor de su causa en el corte de caja constitucional
de los días 1 de septiembre.
La
aprehensión de La Barbie prendió sin embargo varios focos rojos
en el PRI. Primero, porque se trata de otro capo que vivía y se
movía a sus anchas en territorio Peña Nieto, precandidato mejor
posicionado en el tricolor de cara al 2012. Segundo, porque los
episodios más dramáticos de las últimas semanas relacionados con
el narcotráfico han tenido como escenario estados donde los
gobernadores son priístas (Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua).
Tercero,
porque empieza a funcionarle al presidente Calderón la
estrategia de repartir costos políticos, en concreto, en los
Diálogos por la Seguridad, su estrategia de exhibir a los
gobernadores y alcaldes —sobre todo de oposición— como
funcionarios que no se sienten responsables de brindar una mayor
seguridad a sus ciudadanos y que le “echan la bolita” a la
Federación.
Y cuarto
—el que más en alerta tiene a los del tricolor que no quieren
perder la ventaja en las encuestas que los marcan el partido con
más posibilidades de llevarse la Presidencia si hoy fueran las
elecciones—, el temor de que el primer mandatario Felipe
Calderón y sus operadores políticos panistas ofrezcan a los
poderosos capos encerrados los beneficios de un “testigo
protegido” a cambio de que acuse a un par de gobernadores
priístas de estar vinculados con el narco y con eso tumbar las
preferencias a favor del PRI.
Y dicen,
ya entrados en la sospecha: “seguro de eso se ríe La Barbie”.
SACIAMORBOS. En Baja California Sur, que tiene elecciones en
febrero de 2011, tío y sobrino perredistas están peleados. El ex
gobernador Leonel Cota ha roto con el actual mandatario Narciso
Agúndez. Ninguno quiere perder el cacicazgo. Lo imperdible: el
PRI ha detenido su proceso de selección de candidato... a ver si
se fractura el PRD, los tricolores lo cachan y en una de esas
Cota vuelve a casa.