De pena ajena el México
esquizofrénico que vivimos. Un México donde aliados amarillos
del PAN y de Felipe Calderón “hicieron fuchi” al Cuarto Informe,
mientras los enemigos priístas aplaudieron al Presidente y hasta
pactaron “en lo oscurito”.
Un México en donde Felipe
Calderón pronosticó que en las elecciones de 2012 “el problema
no será quién gane, sino cómo gane”, pero olvidó la autoría del
“haiga sido como haiga sido”, para justificar su triunfo
electoral en el 2006.
Un México en donde, a pocos
días de la captura de La Barbie, el criminal aparece como héroe
del imaginario colectivo, y cineastas del mundo persiguen su
leyenda para llevarla a la pantalla grande. Todo, mientras
militares que combaten al crimen aparecen como criminales.
Un México en donde resulta
que opinantes de alto rating parecen concluir que no sirve de
nada a los ciudadanos la captura de criminales como La Barbie.
Peor, dicen que en una de esas, su captura pudiera detonar una
guerra aún más cruenta entre capos que intentarían ocupar su
lugar.
¿De dónde sale el rosario del
absurdo?
Está claro que a nadie
sorprende la incongruencia y volatilidad ideológica de políticos
y partidos, de gobernantes que han convertido en culto la
enseñanza de la Chimoltrufia: “Como digo una cosa, digo la
otra”. Pero lo más preocupante es la aberración mediática y de
opinantes que parecen empeñados en hacer creer que la realidad
sobre la violencia y la inseguridad en México vive la peor
crisis de esquizofrenia.
Resulta impensable que a
causa de la política informativa mediocre del gobierno federal,
un criminal como La Barbie se haya convertido en lo más parecido
a un héroe popular cuya captura —según el imaginario colectivo—
no servirá para nada. Lo cierto es que nadie en el gobierno
federal fue capaz de explicar a los ciudadanos que el mensaje de
la captura de La Barbie no es convertirlo en héroe, sino que el
mensaje es contra la impunidad; que la autoridad es capaz de
capturar, enjuiciar y castigar a los grandes capos. El mensaje
es de gobernabilidad.
Pero acaso resulta más grave
la incapacidad del gobierno para explicar la causa del crimen
cometido por militares contra civiles en una carretera de Nuevo
León. ¿Qué pasó? ¿Por qué ninguna autoridad ha sido capaz de
explicar a los ciudadanos que los militares no son criminales,
que combaten a los criminales, y que el gobierno trabaja para
evitar accidentes y tragedias como esa?
¿Quién será capaz de explicar
que La Barbie no es héroe, que su captura es un logro y un
mensaje contra la impunidad; que los militares son humanos, que
se equivocan, pero que no son criminales?
