El PRI lo
defenderá con dientes y uñas
El
mexiquense podría cometer suicidio político
Los viejos
maestros de la política dicen que el poder “se huele”; que es
tal su impacto que su presencia deja impregnado el aire por
donde pasa y que, por esa razón, hombres y mujeres de la
política fueron dotados de un olfato especial, capaz de detectar
al poder.
¿A qué
huele el poder?
Nadie sabe
explicarlo, pero todos o casi todos los políticos saben
identificarlo. En su momento, por allá de 1988, el hombre del
poder fue Cuauhtémoc Cárdenas; en 1994 lo fue Luis Donaldo
Colosio, y en 2000, Vicente Fox. En 2006, el hombre del poder
fue Andrés Manuel López Obrador, y hoy, entre 2010 y 2012, la
representación del poder se llama Enrique Peña Nieto.
En todos
los casos, más que un fenómeno mediático, esos hombres del poder
fueron identificados como tales —señalados a ocupar el máximo
poder— por los propios políticos, por los aspirantes a un buen
“hueso”, por aquellos “sabuesos” del poder que dedican buena
parte de su tiempo a buscar e identificar a quienes llevan
consigo el olor del poder y que, por ello, se convertirán en
hombres y mujeres de poder.
Y hoy
—entre 2010 y 2012—, el poseedor de la suerte de “feromonas del
poder” se llama Enrique Peña Nieto, gobernador mexiquense y el
más aventajado de los presidenciables —en las encuestas—, entre
los aspirantes de todos los partidos. Lo curioso es que a Peña
Nieto han terminado por identificarlo como “¡el hombre del
poder!” no sólo los medios y las multitudes, sino los propios
políticos y otros hombres del poder, sean azules, amarillos o de
la chiquillería.
Y viene a
cuento el tema porque el quinto informe de Enrique Peña Nieto
fue una suerte de unción política entre el priísmo. Es decir,
que gobernadores, políticos tricolores de medio pelo y líderes
de altos vuelos, tratan a Peña Nieto, no sólo como el mandatario
mexiquense, no como un gobernador más, y tampoco como un
aspirante presidencial.
No, hoy
por hoy, Peña Nieto es visto y tratado por la clase política
—incluso más allá del trato que le prodigan los políticos del
PRI—, no sólo como el virtual candidato presidencial del PRI,
sino como potencial presidente de México. Y es que Peña —dicen
muchos priístas—, “ya huele a presidente”. Y será el sereno —la
versión de que el poder se huele—, pero lo cierto es que Peña
Nieto ya actúa como presidente… ¡Claro, como presidente del
siglo pasado...!
Y dígalo,
si no, el hecho de que el Quinto Informe de Peña Nieto más bien
pareció una evocación de los tiempos de Adolfo López Mateos. Por
eso la pregunta obliga: ¿el de Peña Nieto es un ejemplo del
nuevo PRI que regresará al poder en 2012? Si ese es el nuevo
PRI, salta la repregunta: ¿cómo estará el PRI viejo?
Por lo
pronto, y ante la evidencia de que Peña Nieto es lo mejor que
tienen los tricolores —o si se quiere, lo menos malo—, los jefes
del PRI parecen dispuestos a defender “con dientes y uñas” la
joya de la corona. ¿Y qué quiere decir eso? Que un sector del
PRI parece dispuesto a “la madre de todas las batallas” para
impedir que los azules o los amarillos terminen por tirar a Peña
Nieto.
Y en esa
pelea moverán todas sus fichas para impedir “las alianzas”, no
sólo en el estado de México, sino en todas las elecciones
estatales a realizarse en 2011. Así, en su mensaje durante el
Quinto Informe de su gobierno, Peña Nieto regresó al tema de las
alianzas cuando dijo que más grave que el problema de la
violencia y el crimen es la amenaza de las alianzas entre
proyectos antagónicos que sólo confunden y provocan desconfianza
en la política.
El
destinatario del mensaje de Peña Nieto era el presidente Felipe
Calderón, que ayer mismo se reunió con la cúpula del PRI para
negociar el Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos para
2011. En esa encerrona se habló de alianzas, reformas y pactos.
Y quedó claro que no habrá alianza PAN-PRD en el Estado de
México y Guerrero, y que con la ayuda del PAN, el PRI le
arrebatará al PRD los estados de Baja California Sur y Guerrero.
Con esos dos potenciales triunfos para el PRI, y la cancelación
de las alianzas entre azules y amarillos, además de un paquete
de reformas que juntos pactarán PRI-PAN, se habrá restablecido
el acuerdo entre tricolores y azules.
Y para que
Peña Nieto llegue con vida a 2012 y ungido como candidato
presidencial por el PRI está obligado a empujar como sucesor de
su gobierno a un buen candidato. Es decir, que en un descuido
Peña podría cometer suicidio político. Al tiempo.
EN EL
CAMINO
Otra
familia asesinada. Y otra muestra de lo obsoleto del fuero
militar. ¿Hasta cuándo...? ¿Señor cardenal, cuánta culpa tendrá
la Iglesia católica en eso de que somos “un pueblo corrupto y
asesino”?
