Para muchos mexicanos “de a
pie” no queda claro por qué durante 2010 —y sobre todo luego de
las alianzas PAN-PRD para derrotar al PRI en Oaxaca, Puebla y
Sinaloa—, la vida política mexicana entró a un tobogán de feroz
pelea entre el PRI y Felipe Calderón.
Todos perciben una disputa
inédita, pero pocos conocen el origen del rompimiento del pacto
histórico PRI-PAN, que nació en 1988 e hizo posible la
alternancia y la transición en el 2000. Por eso la pregunta sin
respuesta clara: ¿por qué la pelea de Felipe Calderón y el PAN
contra toda la estructura del PRI y sus presidenciables?
Como todos saben, la relación
del gobierno de Calderón y el PRI se mantuvo estable hasta final
de 2009, a pesar de los descalabros azules —y el triunfo
tricolor—, en las elecciones intermedias. Sin embargo, desde el
debate del Presupuesto de Egresos y la Ley de Ingresos para
2010, se rompió toda posibilidad de diálogo y acuerdo entre
azules y tricolores, al grado de llegar a una guerra inédita en
las elecciones de julio de 2010.
Las alianzas PAN-PRD
provocaron no sólo la más grave derrota del PRI en tres estados,
sino la mayor fractura con su aliado histórico, PAN. Hoy no sólo
no existe diálogo posible, sino que el PRI viene por la
venganza. ¿De qué venganza hablamos?
Está claro que a partir del 1
de septiembre —en cuestión de horas—, el PRI empezará a gobernar
desde el Congreso. Y que un primer golpe será quitarle al
gobierno de Calderón la recaudación de un punto porcentual del
IVA, además de reformas en las que no tomará en cuenta al PAN y
menos al PRD, en San Lázaro. Para eso, el PRI trabajará con el
Partido Verde, al tiempo que le arrebató un diputado al PRD y
otro al PAN. Es decir, tiene todo para sacar muchas reformas. ¿Y
por qué hablar de venganza?
Porque como anunció el PRI,
la primera reforma será reducir el IVA en un punto porcentual.
¿Y por qué esa reforma?
Aquí viene lo interesante.
Resulta que cuando el PRI y el PAN pactaron el Presupuesto de
Egresos y la Ley de Ingresos para 2010 —en plena crisis global—,
el PRI propuso el compromiso de aprobar el presupuesto de Felipe
Calderón con la condición de que el PAN se comprometiera a no
aliarse con el PRD, no sólo en el Estado de México, sino en
Oaxaca, Puebla e Hidalgo.
¿Y que creen? En efecto, que
el PAN de Nava y Felipe Calderón no cumplió el pacto, a pesar de
que Fernando Gómez Mont se comprometió a que sería un pacto
firmado. Los gobernadores de Oaxaca, Puebla e Hidalgo se
conformaron con el pacto de palabra, pero el del estado de
México exigió que fuera firmado. Al final, ni Calderón ni el PAN
cumplieron. Hoy todos pagamos los platos rotos: parálisis e
ingobernabilidad. Y todo, claro, por migajas electorales.
