Agosto fue
el mes más violento del sexenio: mil 322 ejecutados, sin contar
los de ayer. Van 8 mil 786 en el año.
Escribí el
10 de agosto que, a ese ritmo, los ejecutados del sexenio
podrían llegar a 70 mil. Y critiqué que, ante esas cifras de
escándalo, el comandante Joaquín Villalobos expresará en un
artículo en Nexos que los muertos ni siquiera eran indicador de
victoria o fracaso, sino meramente del tamaño del problema. “No,
eso no puede estar bien, con todo respeto para el comandante
Villalobos”, concluí.
El
brillante analista en el tema me escribe para decir que no
quiere dejar la impresión de que está justificando una violencia
sin límites. “Mi intención”, explica, “es contrarrestar la idea
de que no se debe combatir al narcotráfico, o que esto se puede
hacer sin usar la fuerza y sin que haya que aceptar cierto nivel
(no menor) de violencia. Creo que, al final del camino, México
tendrá que aceptar una violencia residual con la que tendrá que
convivir por mucho tiempo. Esto será un derivado de que es
imposible llevar a un punto cero al narcotráfico y al crimen
organizado teniendo como vecino del norte al demandante de
drogas más grande del mundo”.
Villalobos
subraya que los delincuentes nunca se autodestruirán, por lo que
en una situación generalizada de violencia, igual o similar a
una guerra, el despliegue del Ejército y la Policía Federal es
definitivo para contener actos violentos.
“Cuando se
reformen las policías locales y la relación policiaca por
territorio y habitante comience a ajustarse en lugares críticos,
la disuasión funcionará y comenzarán a bajar los homicidios”,
concluye. “Sin duda se está avanzando y se va lograr resolver
este problema. Espero tanto como tú que sea con menos de 70 mil
muertos”.
Gracias,
Joaquín.
gomezleyva@milenio.com