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La historia en breve
Por: Ciro Gómez Leyva

Del Bosque y la filosofía del hombre bueno

Hace casi un siglo ya, Frank Tannenbaum, autor entre otros trabajos de una espléndida monografía del sistema agrario mexicano, escribió que para ser grande, México necesitaba una filosofía de cosas pequeñas.

Recordé la cita mientras seguía por televisión el primero de los tres “diálogos por la seguridad” entre el presidente Calderón y los líderes políticos. Cuánta grandilocuencia. Los participantes, fueran Beatriz Paredes o Jesús Ortega, mal dotados para la puntualidad teórica, para la sabiduría de ir a las pequeñas cosas útiles, terminaban inexorablemente extraviados en la retórica de los “grandes temas”.

De esa palabrería, no esperaría nada. Como no espero nada de esta generación de políticos a la que prometí no llamar más la generación del fracaso.

A medio “diálogo” me puse a revisar internet y encontré la sencilla entrevista que Víctor Altamirano le hizo a Vicente del Bosque en Excélsior.

Las frases de ese hombre bueno que desde la sencillez y bonhomía condujo a los campeones de Europa a ganar el Mundial de Sudáfrica eran la luz, comparadas con las que salían de la pantalla donde el presidente Calderón aseguraba que, a pesar de todo, la guerra contra el crimen no se va perdiendo.

Extraordinario leer cómo el técnico de España hablaba con reverencia del Estadio Azteca y revisaba la actuación del equipo mexicano a partir de la “pizca de suerte que le ha faltado”. Y decía: “Siempre hemos manifestado que los éxitos son pasajeros (…) intentaremos que este éxito no nos perturbe para el futuro”.

Bienvenidos Vicente y los campeones del mundo. Gracias por el gesto de cruzar el Atlántico para regalarle un par de horas de fortuna a un país que vaya si las necesita.

gomezleyva@milenio.com