¿Recuerda
alguien los 10 grandes compromisos anunciados hace un año por el
presidente Calderón para relanzar al país? Que nadie se sienta
incómodo por la desmemoria, porque de los 10 prácticamente no
progresó ninguno.
El del 2 de
septiembre de 2009 fue un discurso impecable. El Presidente hizo
un diagnóstico lógico de la crisis y una autocrítica creíble.
Trazó una ruta a seguir y arengó como estadista a dejar atrás
mitos, prejuicios, tabúes. Pero 365 días después, la percepción
es de un fracaso aún más grande.
Sólo una de
las 10 propuestas avanza con razonable consistencia: la
cobertura universal de salud para finales de sexenio. Una más
fue puesta en marcha hace apenas unos días: la reforma
regulatoria de fondo.
Las otras
ocho son, o una fantasía:
• Frenar el
crecimiento de la pobreza.
• Lograr una
educación de calidad y “superar el marasmo de intereses en el
sector”; O una buena intención:
• Reforma
hacendaria que reduzca la evasión fiscal y aumente la base
gravable.
• Reforma de
telecomunicaciones;
Si no es que
un fiasco redondo:
• Reforma
energética de segunda generación.
• Reforma
laboral.
•
Fortalecimiento de las autoridades locales en la lucha contra el
crimen.
• Reforma
política de fondo.
¿En qué otro
país hay una discrepancia más grande entre la propuesta y la
ejecución? ¿Qué se puede hacer para que nuestros políticos
(todos) tomen conciencia de su perversa deshonestidad ejecutiva?
Y así se
fueron otros 365 días a la basura. Mientras el mundo se levanta
de la crisis y mira para adelante, nosotros, cada vez más
asolados, afligidos, atrasados e insignificantes, seguimos
repartiéndonos culpas a diestra y siniestra.
¿Quién está
haciendo algo eficaz por los mexicanos?
gomezleyva@milenio.com