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Hay peores cárceles en Honduras
20 de febrero de 2012

Ya con la tranquilidad de que a Gabriel Quadri, el ecológico candidato del Panal, al fin le presentaron a la maestra Elba Esther Gordillo, contaré una historia personal.

Qué les cuento. Que mi santa madre, como muchos mexicanos creyentes en el sistema bancario, acudió a Banamex a hacer un trámite aparentemente de rutina en un cajero, artefactos con los que nunca se ha llevado bien del todo. Obtuvo su saldo, pero por una serie de dudas se dirigió a uno de los ejecutivos con el fin de aclararlas. Éste le pidió su tarjeta y número secreto y, como por arte de magia, en pocos minutos le dio un saldo con 2 mil pesos menos de los que había registrado minutos antes. Ella reclamó, pero no pudo hacer nada más que seguir un complejo instructivo para hacer el reclamo. Por supuesto, aquello es más complejo que la reglas del IFE para que los partidos no caigan en actos anticipados de campaña: interminables llamadas a un número robotizado que te puede tener media hora en una intrincada tramitología que es más comprensible que los ejercicios de mea culpa de Calderón. O sea, aquí entre nos, qué bonito que después de años de narcoguerra venga a reconocer que la trágica matazón en Salvarcar, Ciudad Juárez, le abrió los ojos.

Así hasta suena lógico que antes de echarse a correr de Michoacán y recuperar su escaño en la Cámara de Senadores, el señor Godoy, en el mejor estilo de Moreira, repartió 11 notarías a su natural arbitrio.

A su edad, desde la que no deja de porfiar, mi madre siguió todo el proceso para que Banamex le devolviera su lana y, luego de conseguir con una voz aparentemente humana (no se sabe quiénes son más impersonales, si las voces grabadas o las personas que te atienden con sus tonos burocratizados), le advirtieron que aquello todavía tomaría tiempo —los dos meses que ya lleva el trámite se les hacía poco para checar algo que tomaría apenas unos minutos con la tecnología disponible y algo de voluntad política—, y no sin cierta sorna le advirtieron que era muy posible que el resultado podía no ser positivo.

Una maravilla.

Pero qué serviciales, puntuales y amables son estos mismos funcionarios bancarios cuando te buscan a las ocho de la mañana para venderte servicios o para cobrarte quién sabe qué absurdo.

Los de Banamex se parecen al gobierno de Rodrigo Medina en Nuevo León, que a hasta altas horas de la noche nomás no le ofrecían información a las familias de los reos del penal de Apodaca, como ocurrió con los del casino Royale y el Sabino Gordo. Ya me imaginó, el góber seguro declarará, para minimizar el drama, que hay peores cárceles, como las de Honduras.